Además de la operación, mantenimiento y ampliación de este importante corredor del Caribe, la concesión desarrolla acciones orientadas a generar bienestar en las poblaciones de su área de influencia. Una de las más recientes permitió gestionar un transformador de amplia capacidad para comunidades de Palmira que enfrentaban dificultades con el servicio de energía.
La transformación de la vía Ciénaga–Barranquilla también está llegando a las comunidades que durante años han crecido alrededor de este importante corredor del Caribe colombiano. Mientras avanzan las obras de infraestructura, Ruta Magdalena Sierra Mar ha fortalecido un modelo de relacionamiento que busca escuchar las necesidades de sus vecinos y contribuir, dentro de sus capacidades, con soluciones que mejoren sus condiciones de vida.
Una de esas acciones se desarrolló recientemente en Palmira, jurisdicción de Puebloviejo, donde varias familias venían padeciendo dificultades con el suministro de energía debido a las constantes fallas del transformador que atendía el sector.
La concesión conoció la situación mientras desarrollaba sus actividades en la zona y, mediante una gestión articulada con las autoridades locales, adquirió un transformador de 120 KVA, superior al equipo de 50 KVA que venía funcionando en la comunidad.
La intervención permitió atender una necesidad inmediata y entregar una solución con mayor capacidad y confiabilidad para una población que, de acuerdo con estimaciones conocidas durante la gestión, estaría entre 700 y 1.000 personas.
Una concesión cercana a las comunidades
Ruta Magdalena Sierra Mar tiene a su cargo la operación, mantenimiento y ampliación de la Troncal del Caribe en el corredor Ciénaga–Barranquilla. Sin embargo, su presencia en el territorio también implica una relación permanente con las poblaciones ubicadas alrededor de la vía.
Ese contacto permitió conocer las dificultades que atravesaban habitantes de Palmira. El transformador que prestaba el servicio en el sector venía presentando fallas asociadas, entre otros factores, a la sobrecarga. Los cortes se hicieron recurrentes hasta que finalmente el equipo colapsó y varias familias quedaron sin energía.
“Estábamos desarrollando la obra y fuimos notificados de que había en Palmira una comunidad que tenía problemas de luz desde hacía varios días por un tema con un transformador”, explicó José Cabal en representación de Ruta Magdalena Sierra Mar.
La situación llevó a la concesión a evaluar cómo podía contribuir a solucionar el problema. La decisión fue buscar un equipo que además de reemplazar el averiado ofreciera una capacidad superior.
“Pensando que podíamos mejorar la calidad de vida de la gente, nos hicimos a la tarea de conseguir uno de 120 KVA. Le ayudamos al barrio, a la gente, y pudieron tener el servicio de luz, pero también con mayor confiabilidad”, agregó.
Una respuesta construida entre instituciones
La solución fue posible mediante la articulación entre Ruta Magdalena Sierra Mar, la administración municipal y los actores encargados del servicio eléctrico.
Una vez conocida la emergencia, representantes de la concesión establecieron comunicación con la Alcaldía para conocer las condiciones del sector y comenzaron inmediatamente la búsqueda del nuevo transformador.
La gestión avanzó rápidamente. Hacia las 10:00 de la mañana se inició el proceso y pocas horas después, aproximadamente entre la 1:00 y 2:00 de la tarde, el equipo había sido localizado y estaba disponible.
Posteriormente, el operador del servicio eléctrico realizó las labores necesarias para instalarlo y ponerlo en funcionamiento.
La respuesta permitió que las familias recuperaran el suministro y, al mismo tiempo, aumentó la capacidad disponible al pasar de un transformador de 50 KVA a uno de 120 KVA.
Para Ruta Magdalena Sierra Mar, este tipo de acciones hacen parte de la relación que busca construir con las poblaciones de su área de influencia.
“Queremos que sientan que la vía también los puede ayudar y que vean que aportamos en beneficio de la gente”, explicó el vocero de la concesión.
El componente social también avanza con la vía
El acompañamiento a las comunidades se ha extendido a otras situaciones que han requerido respuestas especiales.
A comienzos de 2026, cuando las inundaciones afectaron a poblaciones cercanas al corredor vial, la concesión apoyó a las familias damnificadas mediante la entrega de aproximadamente 600 mercados.
De manera paralela, durante el desarrollo de las obras se han adelantado trabajos para mejorar la conducción y canalización de aguas en diferentes puntos, buscando que las intervenciones sobre la carretera también tengan en cuenta las condiciones de los sectores que la rodean.
Estas acciones complementan el trabajo técnico que se desarrolla sobre la vía y fortalecen la relación entre el proyecto y las comunidades que conviven diariamente con su ejecución.
Empleo local, otro aporte al territorio
La generación de oportunidades laborales también forma parte del impacto que Ruta Magdalena Sierra Mar busca dejar en su área de influencia.
Una parte de la mano de obra no calificada requerida para las diferentes actividades ha sido contratada entre habitantes de las poblaciones vecinas.
Personas provenientes de Puebloviejo, Palmira, Cansacará y sectores de la Isla de Salamanca han participado laboralmente en actividades relacionadas con el proyecto.
Esta vinculación permite que la inversión en infraestructura tenga también un impacto económico directo sobre familias de la región y que las propias comunidades participen en el proceso de transformación del corredor.
Una vía que se construye junto a sus vecinos
La vía Ciénaga–Barranquilla constituye uno de los corredores estratégicos para la movilidad y competitividad del Caribe. Su ampliación y modernización busca mejorar las condiciones de desplazamiento y fortalecer la conexión entre Magdalena y Atlántico.
Pero alrededor de esa infraestructura existen comunidades que también hacen parte del proyecto.
Por eso, Ruta Magdalena Sierra Mar ha planteado que su presencia en el territorio vaya acompañada de diálogo, articulación institucional, generación de empleo y capacidad de respuesta frente a necesidades en las que pueda contribuir.
La gestión realizada en Palmira resume ese propósito. Una comunidad tenía un problema concreto, la concesión conoció la situación y participó en la búsqueda de una solución que permitió recuperar el servicio eléctrico con mejores condiciones.
Mientras continúa la transformación de la vía Ciénaga–Barranquilla, Ruta Magdalena Sierra Mar busca que el desarrollo del corredor avance de la mano con las comunidades que viven, trabajan y construyen su futuro a lo largo de él.
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