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La doble calzada que busca transformar la conexión vial entre Barranquilla y Santa Marta avanza satisfactoriamente

Mientras las máquinas avanzan, el proyecto enfrenta otros desafíos: la negociación de predios, la reubicación de redes de servicios públicos y la definición de las inversiones sociales que reemplazarán la propuesta de viviendas tipo palafito descartada por falta de consenso con las comunidades.

 

Después de años de anuncios, discusiones y dificultades para sacar adelante una de las obras viales más esperadas del Caribe colombiano, la ampliación de la carretera entre Ciénaga y Barranquilla empieza a mostrar resultados concretos en uno de sus puntos estratégicos.


La Unidad Funcional 6 del proyecto que ejecuta la concesión Ruta Magdalena Sierra Mar registra un avance cercano al 18 %. Son 2,8 kilómetros de intervención que comprenden el corredor entre el peaje de Tasajera y la conexión hacia el sector de Palmira, en jurisdicción de Puebloviejo, y que hacen parte del tramo que permitirá avanzar en la ampliación de esta importante arteria vial.


Víctor Esper Cassín, gerente general de proyectos de la concesión, aseguró a EL TIEMPO que las obras comenzaron formalmente el 24 de abril y actualmente se mantienen dentro del cronograma contractual establecido.


“Estamos cerrando este periodo cumpliendo el cronograma que nos trazamos y que hoy es elemento contractual del proyecto”, explicó Esper Cassín al hacer el balance de los primeros meses de trabajos.

 

Un frente de obra que comienza a tomar forma
La intervención que actualmente concentra los trabajos corresponde a la Unidad Funcional 6, la primera de las tres unidades que integran el denominado subproyecto 3. De acuerdo con la concesión, esta etapa tiene previsto aproximadamente un año de ejecución.


Los trabajos ya son visibles en ambos costados de la carretera. En uno de los sectores intervenidos quedan aproximadamente 350 metros por completar hasta el paso peatonal subterráneo de Palmira. En el costado contrario comenzaron trabajos sobre cerca de 800 metros que, según las proyecciones de la concesión, deberán avanzar durante septiembre.


La intervención, sin embargo, va mucho más allá de extender el pavimento.
La ampliación obliga a trasladar infraestructura eléctrica, redes de acueducto y algunos componentes asociados al suministro de gas. Esper explicó que ya se trabaja en la instalación de postes de media tensión y el correspondiente cableado. En el sector de Tasajera se contabilizan alrededor de 14 postes instalados como parte de ese proceso.


También se adelanta la construcción de una nueva red de acueducto.
“Estamos garantizando que siga normalmente el abastecimiento de gas, energía y acueducto a toda la zona por la cual estamos ampliando la vía”, señaló el gerente de proyectos.


A esto se suman intervenciones relacionadas con los pasos peatonales subterráneos, surgidas de los procesos de socialización realizados con las comunidades ubicadas a lo largo del corredor.

 

Los bloqueos, uno de los principales obstáculos
Construir en este corredor también ha significado enfrentar dificultades que van más allá de la ingeniería.
Esper Cassín señaló que uno de los problemas que mayor impacto produjo durante las primeras semanas fueron los constantes bloqueos de la Troncal del Caribe en jurisdicción de Puebloviejo.


Cada cierre representaba una alteración directa en la logística de la obra. Materiales procedentes de canteras ubicadas hacia Santa Marta y Ciénaga, además de suministros transportados desde Barranquilla y otros puntos del Atlántico, quedaban atrapados o llegaban con retrasos.


La situación, según el directivo, mejoró después de las medidas adoptadas por la Gobernación del Magdalena y la presencia permanente del Ejército en la zona.


“Eso ha colaborado enormemente. Tenemos aproximadamente dos semanas en las que los cierres no nos han afectado y eso es fundamental para los suministros”, aseguró Víctor Esper, quien también destacó el seguimiento realizado desde el Gobierno Nacional y el Ministerio de Transporte.


Mantener abierto el corredor resulta determinante para que el cronograma pueda sostenerse. La concesión insiste en que, hasta ahora, los inconvenientes presentados no han provocado un retraso que altere la programación contractual.

 

Tres subproyectos para completar el corredor
La magnitud de la intervención obligó a dividir el proyecto en diferentes frentes.

El subproyecto 1 comprende el sector de Palermo, desde la conexión con el puente sobre el río Magdalena hasta el peaje. El segundo corresponde al trayecto posterior, mientras que el subproyecto 3, que actualmente cuenta con licencia ambiental y concentra las obras en ejecución, se extiende desde el peaje de Tasajera hasta la conexión con el viaducto de la variante sur de Ciénaga.


Este último está dividido en las unidades funcionales 6, 7 y 8. Actualmente, los trabajos están concentrados en la primera de ellas, correspondiente a los 2,8 kilómetros que ya alcanzan aproximadamente el 18 % de ejecución.


El proyecto es estratégico porque forma parte del corredor que comunica a Santa Marta y buena parte del Magdalena con Barranquilla y el Atlántico, una carretera por la que diariamente circulan vehículos particulares, transporte de pasajeros y una importante operación de carga.

 

La discusión social que acompaña las obras
Mientras el cemento avanza, existe una discusión que todavía debe resolverse: qué ocurrirá con algunas de las familias y actividades económicas ubicadas en zonas necesarias para la ampliación.
La propuesta inicial contemplaba destinar recursos de compensación a un proyecto habitacional con características de palafitos. La iniciativa encontró resistencia entre habitantes de Puebloviejo y Tasajera y terminó siendo replanteada.


Según explicó Esper Cassín, la gobernadora del Magdalena, Margarita Guerra, decidió desistir de esa alternativa ante la falta de consenso comunitario y las dudas relacionadas con la sostenibilidad futura del proyecto.


Eso, sin embargo, no significa que los recursos desaparezcan.
El presupuesto contemplado para compensaciones permanece dentro de la estructura contractual y podrá ser destinado a otras necesidades sociales de los municipios impactados por la ampliación. La definición deberá surgir de conversaciones entre la Gobernación y las respectivas alcaldías.
“Hay un presupuesto importante para ese mejoramiento que se le va a dar en compensación a las municipalidades”, sostuvo Esper, aunque aclaró que todavía no existe una decisión definitiva sobre el destino de esos recursos.

 

La negociación con las familias ubicadas sobre el corredor
Uno de los asuntos más sensibles está relacionado con los predios necesarios para continuar las obras.
La concesión confirmó que actualmente adelanta negociaciones con personas asentadas en áreas requeridas para la ampliación. El proceso contempla valorar no solamente las construcciones y terrenos, sino también las condiciones particulares de quienes desarrollan allí actividades económicas.


Esper explicó que la intención es alcanzar acuerdos dentro de los procedimientos establecidos legalmente y reconocer las afectaciones que pueda generar el proyecto.

 

“Lo que se está haciendo es una negociación en el buen sentido de la palabra, en que de alguna forma se compense toda la construcción, el predio en general y también su hábitat y su futuro, su compensación a nivel de negocio”, manifestó.


Todavía queda por determinar qué proyecto social se ejecutará finalmente con los recursos de compensación que inicialmente estaban relacionados con la propuesta de palafitos. Esa decisión requerirá nuevos acercamientos entre el departamento, los municipios y las comunidades.


Por ahora, el frente de obra continúa abierto y el desafío inmediato es mantener el ritmo.


Con un 18 % de avance en la primera unidad funcional, redes de servicios públicos en proceso de traslado, trabajos simultáneos en ambos costados de la carretera y negociaciones prediales todavía en marcha, la ampliación empieza a superar la etapa de los anuncios para entrar en una fase en la que el cumplimiento del cronograma será la verdadera medida de su avance.


Para una región que durante años ha esperado una mejor conexión vial entre Santa Marta, Ciénaga y Barranquilla, cada kilómetro terminado será también una prueba de que uno de los proyectos de infraestructura más importantes del Caribe puede finalmente convertirse en una realidad.

 

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